En la previa del Superclásico, Boca no solo trabaja sobre la tensión natural de un partido de máxima exposición. También define movimientos finos en el equipo, y uno de ellos podría romper lo que parecía cantado: Claudio Úbeda analiza el ingreso de Nicolás Figal por el sector derecho de la defensa.
La alternativa modifica el perfil del fondo. Con Figal, el equipo ganaría mayor solidez y agresividad para los duelos, pero perdería parte de la profundidad que suelen aportar laterales más naturales como Marcelo Weigandt o Juan Barinaga.
El movimiento se produce, además, en un contexto delicado por la lesión de Agustín Marchesín, que sufrió una rotura de ligamentos cruzados en la rodilla derecha y quedará varios meses afuera. Esa baja empuja a Leandro Brey al arco y obliga a pensar el clásico con una estructura más protectora.
Por eso la decisión no pasa solo por un nombre. Si entra Figal, el mensaje será claro: reforzar la línea defensiva y blindar un sector sensible frente a un rival que suele lastimar cuando encuentra espacios. Si se mantiene otra variante, la apuesta será sostener una postura algo más ofensiva.
Una decisión que dice mucho
En partidos así, los cambios no son apenas retoques. Funcionan como señales. Lo que defina Úbeda servirá para leer qué tipo de Boca quiere mostrar en el Monumental: uno más conservador y firme, o uno dispuesto a correr riesgos para discutir el partido desde la iniciativa.